En las últimas horas se han publicado varias noticias en diferentes medios sobre la paralización de las obras del mercado por sobrecostes excesivos no presupuestados en la licitación:

ABC : Paralizan las obras del Mercado de Legazpi por «riesgo de colapso» y sobrecoste de 13 millones

MADRIDIARIO: Suspendida la reforma del Mercado de Legazpi, que se retrasará hasta 2023

LA VANGUARDIA: Suspendidas obras de rehabilitación del Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi

TELEMADRID: Suspendidas las obras de reforma del Mercado de Frutas de Legazpi

En el año 2015 los vecinos, en su proceso de documentación para la defensa del mercado frente al intento de privatización, alertaron de que cualquier proyecto sobre el mercado debería tener en cuenta una valoración especial de las causas por las que se paró el proyecto original de Pesquera y Ulargui de 2007, dados los graves problemas de subsuelo. La pista era una publicación de la ETSAM (Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid) en la que el arquitecto Rafael Guridi García aludía a que la razón de la paralización del proyecto de Pesquera y Ulargui por el Ayuntamiento fueron las deficiencias en el subsuelo que «hacían inviable» la operación:

Unos meses después del fracaso del proyecto de Mercado Gourmet en 2015, Pesquera y Ulargui presentarían ante el Ayuntamiento de nuevo su proyecto, que fue asumido con entusiasmo por parte de la nueva corporación municipal, hasta tal punto de aprobarlo y pagar de nuevo por segunda vez un proyecto arquitectónico, llevarlo a licitación sin información pública y posibilidad de alegaciones, frente a la oposición de técnicos, vecinos, especialistas e instituciones dedicadas al patrimonio arquitectónico.

En realidad, la argumentación principal del interés municipal en este proyecto desechado años antes radicaba en sus bajos costes, al reutilizar un proyecto hecho y ajustarse a unos costes que resultaban interesantes al Área de Economía y Hacienda del Ayuntamiento, solucionando así el gravoso coste de alquiler de oficinas.

En el proceso «participativo» que llevó a cabo el Ayuntamiento en 2016 los vecinos volvieron a denunciar que los costes en los que se valoraba el proyecto no eran reales, y que había razones y argumentos para sospechar que, una vez iniciada la obra aumentarían, haciendo «no tan rentable» la destrucción del patrimonio en lugar de barajar otras alternativas de ubicación de las oficinas municipales, o una intervención menos agresiva con el edificio.

Finalmente, en la nueva versión del proyecto, base de la licitación de la obra, no se hacía ninguna alusión a los problemas de subsuelo detectados años antes a los que aludía Rafael Guridi (por otro lado compañero en la ETSAM de Pesquera y Ulargui), ni de los altos costes para su subsanación, sino que volvían a presentarse los mismos estudios del año 2008 para avalar la viabilidad del proyecto.

Proyecto de ejecución, Mayo 2017 (Pesquera Ulargui Arquitectos SLP)

El resto de lo que ha pasado ya es conocido: un mismo proyecto pagado a las mismas personas en dos ocasiones, retrasos, paralización de las obras, sobrecostes, destrucción del patrimonio arquitectónico y una idea quizás ya no tan interesante y viable: destruir un espacio de enorme valor para un uso para el que no es adecuado, mientras que hubiera sido posible la ubicación de estos usos en otros espacios o incluso la construcción de un edificio de nueva planta a menor coste.

¿Nos paramos a hablar de nuevo?

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